ANTONIO ANDRAUS

 

POR ANTONIO ANDRAUS BURGOS

De 27 peloteros que han logrado o superado la cifra, 6 son latinoamericanos, y apenas 2 de ellos, pueden esperar un nicho en el Salón de la Fama.-

Cuando se habla o se escribe del jonrón es vestir de frac al Rey de los Deportes.

Un cuadrangular es lo máximo en materia ofensiva a la que puede aspirar cualquier pelotero, aquí o en Cafarnaún. Pero para nadie es un secreto que se trata del batazo más difícil de conseguir aun cuando aparentemente sea fácil para quienes desde las gradas de los diamantes, vean salir a ‘’doña blanca’’ camino a terrenos de nadie.

Fue Babe Ruth quien dejó la impronta de los cuadrangulares en todos los parques de pelota de la época, cuando desde los años 20 hasta su retiro de la actividad, con el uniforme de los Yanquis de Nueva York, ese batazo, que es el éxtasis del béisbol, fue bautizado como ‘’el bambinazo’’.

Por muchos años, más de tres décadas, los 714 batazos de circuito completo del ‘’Bambino’’ Ruth fue un referente indiscutible para los bateadores de largo metraje, hasta cuando llegó el ‘’Martillo’’ de Hank Aaron, de los Bravos, el ídolo de Mobile, Alabama, para pulverizar el registro casi 40 años más tarde, mejorando la marca, y estableciendo una nueva, con 755 tablazos de circuito completo.

Esos dos nombres, Babe Ruth y Hank Aaron, indiscutiblemente son sonoros para los amantes al Rey de los Deportes; el primero, porque hizo del jonrón el imparable que despertó todas las miradas de los aficionados, convirtiéndolo en el espectáculo que tanto necesitaba el béisbol de los años 20 en adelante; y el segundo, porque superó con creces un registro que, en tantas idas y venidas, parecía casi que insuperable.

Ingresar a la élite de los grandes ‘’vuelacercas’’ del béisbol de las Mayores, no es nada fácil, considerándose, además, que para estar en el grupo de los inolvidables, los peloteros deben llegar, por lo menos, a los 500 jonrones, una cifra nada despreciable, a cuya suma apenas han llegado 27 jugadores es más de un siglo de competencia.

En ese registro, aún cuando son escasos los nombres de los latinos hasta la fecha, aparecen 6 con etiqueta de los 500 cuadrangulares, pero solo dos, por el momento, tienen el camino despejado para llegar al Salón de la Fama, porque los otros cuatro, por diferentes razones, no parecen estar en la ruta que los conduzca a Cooperstown.

El tope de los diez

En la galería de los 10 primeros peloteros en el registro de todos los tiempos con 500 o más cuadrangulares, seis ya son dueños de nichos en Cooperstown, uno está abonando exitosamente el camino para alcanzar la inmortalidad, y tres más, tienen pocas posibilidades de llegar al recinto de los inolvidables.

No es Hank Aaron con sus 755 cuadrangulares el bateador con mayor número de batazos de circuito completo, pues Barry Bonds, de los Gigantes de San Francisco, entre otros equipos, con sus 762 tablazos de cuatro esquinas, es el máximo jonronero de todos los tiempos, pero su nombre siempre ha estado vinculado a la era de los esteroides y las hormonas de crecimiento. Por el momento, no aparece con los votos suficientes para ir al salón de los inmortales.

En la tercera casilla, dentro de los 10 toleteros de largo metraje, está el sempiterno Babe Ruth, con sus 714 cuadrangulares, quien elevó a la categoría de batazo de lujo el jonrón.

La cuarta posición es ocupada por Álex Rodriguez, el dominicano-americano que compila 696 tablazos de circuito completo, pero quien no tiene el camino despejado para llegar a Cooperstown, dadas las implicaciones que tiene su nombre alrededor del uso de sustancias prohibidas dentro del béisbol.

El eterno Willie Mays, de los Gigantes tanto de Nueva York como de San Francisco, con sus 660 jonrones, es el quinto en esa élite de los mejores bateadores ‘’vuelacercas’’ de todos los tiempos, cuyo nombre está entre los inolvidables de por vida, quien se divirtió hasta más no poder dentro del juego, haciendo de las suyas tanto a la ofensiva como a la defensiva.

Ken Griffey Jr., de los Rojos de Cincinnati y los Marineros de Seattle, cuya semblanza beisbolera dejó huella imborrable en la época moderna del béisbol, es el sexto de esa lista, con sus 630 ‘’bambinazos’’ conectados, a cuyo nombre ya le fue expedida la ciudadanía en Cooperstown, y cuyas calidades dentro de los diamantes, lo erigieron como uno de los señores del béisbol.

En la séptima posición, el formidable dominicano de los Cardenales de San Luis y los Angelinos de California, Albert Pujols, cuyo tránsito por la Gran Carpa ha sido más que satisfactoria, sumando hasta la fecha un gran total de 614 cuadrangulares, a 16 de Griffey y a 46 de Mays. Pero estando vigente, cualquier cosa puede suceder. Y su nombre, más temprano que tarde, alcanzará un nicho para llegar a la inmortalidad.

Jim Thome, el toletero zurdo que se pavoneó con los uniformes de los Indios de Cleveland, de los Filis de Filadelfia, de los Orioles de Baltimore y de otras novenas, es el octavo en esa lista de grandes jonroneros de todos los tiempos, con sus 612 cuadrangulares, ya está ocupando un puesto en el salón de los inolvidables.

En la novena casilla aparece Sammy Sosa, el nativo de San Pedro de Macorís, en la República Dominicana, el hombre de los Cachorros de Chicago, quien pese a contar con 609 ‘’bambinazos’’, su nombre no es fácilmente elegible para el Salón de la Fama por las circunstancias que han rodeado su paso por la Gran Carpa y su vinculación a la utilización de sustancias prohibidas.

Y en la décima posición, el indiscutible Frank Robinson, de los Rojos de Cincinnati y los Orioles de Baltimore, quien con sus 586 estacazos de vuelta completa, es una legendaria figura del béisbol, cuyo tránsito por las Mayores siempre será recordado como uno de los más grandes de todos los tiempos, al ser ganador del título de Novato del Año en 1956 con los Rojos; y luego capturar el galardón de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, también con los Rojos, en 1961; y el mismo trofeo en la Liga Americana, pero con los Orioles, en 1966.

Otros valiosos

Mark McGwire, el gigante de Pomona, California, e ídolo de los Atléticos de Oakland y los Cardenales de San Luis de finales del pasado siglo, con sus 583 tablazos de circuito completo, está ocupando la undécima posición, no cuenta con el apoyo necesario para llegar a Cooperstown, dado que siempre ha estado incluido en la lista de los jugadores que ‘’no fueron limpios’’ dentro de la actividad.

La décima segunda casilla, está en poder de Harmon Killebrew, a quien llegaron a calificar como un pelotero más, debido a que en sus cinco primeros años luciendo el uniforme de los Senadores de Washington, poco o nada rendía a la ofensiva; pero cuando llegó a los Mellizos de Minnesota, de la noche a la mañana, despertó con su poder al bate que le permitió conectar 573 ‘’bambinazos’’, e incrustarse en el salón de los inmortales.

Cuánto nos duele saber que el cubano Rafael Palmeiro, el décimo tercero en la lista, quien con sus más de 3.000 inatrapables y más de 500 ‘’bambinazos’’, luciendo los bombachos de los Cachorros de Chicago, los Vigilantes de Texas y los Orioles de Baltimore, no llegue a escrutar el número de papeletas que lo lleven a la inmortalidad. Todo por estar en la lista de los denominados ‘’tramposos’’ del béisbol, por usar sustancias prohibidas dentro del juego.

En la décima cuarta posición, hay un hombre que elevó el ‘’bambinazo’’ a la jerarquía de ser ‘’el Señor Octubre’’, cuando hizo del tablazo de cuatro esquinas la manera de decidir Series Mundiales. Nos referimos al inmortal Reggie Jackson, el defensor a ultranza de los afroamericanos dentro del béisbol, quien con los uniformes de los Atléticos de Oakland, los Yanquis de Nueva York y los Angelinos de California, compiló 563 esféricas fuera de los diamantes.

Manny Ramírez, el hijo de Santo Domingo, República Dominicana, el hombre de los tres 5 en las estadísticas de los cuadrangulares, ocupando la décima quinta casilla, tampoco alcanzará el ingreso al Salón de la Fama, dado a que al lado de su nombre aparece el asterisco o lunar negro, que mancha su brillante carrera deportiva, que desarrolló con los Indios de Cleveland, los Medias Rojas de Boston y los Dodgers de Los Ángeles, con 555 tablazos de circuito completo.

Los restantes

Mike Schmidt, el ídolo de Filadelfia y de los Filis, cuya impecable trayectoria lo erigió en el símbolo de su novena y de una bien disputada carrera dentro del béisbol, se ungió como grande entre los grandes con sus 548 cuadrangulares de por vida, en sus 18 años de permanecer dentro de la Gran Carpa, para ser el décimo sexto pelotero con 500 o más ‘’bambinazos’’ despachados.

En la décima séptima, el jugador que consagró al bateador designado como una de las herramientas más útiles en la Liga Americana: David Ortiz, el hijo de Santo Domingo, República Dominicana, espera pacientemente que le llegue su hora para encontrar los votos necesarios que lo lleven al Salón de la Fama, quien con sus 541 ‘’despedidas’’ de la esférica, jugando durante dos décadas en las Grandes Ligas, con los Mellizos de Minnesota y los Medias Rojas de Boston, supera a inmortales como Mickey Mantle, Jimmie Foxx, Willie McCovey, Frank Thomas y Ted Williams.

Por cierto, en ese orden, en la décima octava casilla está Mickey Mantle, el inolvidable e inmortal de los Yanquis de Nueva York, con sus 536 cuadrangulares, conectados a ambos lados del pentágono, en sus 18 años de permanencia en las Grandes Ligas, quien fue la fulgurante estrella que reemplazó al formidable Joe DiMaggio.

Luego Jimmie Foxx, en la décima novena posición, con sus 534 ‘’bambinazos’’, en sus 20 años con los Atléticos de Filadelfia y los Medias Rojas de Boston, enmarcaron su nombre y su prestigio, como uno de los peloteros que más despedazó las costuras de las bolas de béisbol.

El hombre de los Gigantes de San Francisco, Willie McCovey, en la vigésima casilla, comparte con el corpulento Frank Thomas, de los Medias Blancas de Chicago, y Ted Williams, el siempre recordado pelotero de los Medias Rojas de Boston, con sus 521 tablazos de circuito completo cada uno, ya tienen asientos en el Salón de la Fama.

El ‘’Señor Cachorro’’, Ernie Banks, de los Cachorros de Chicago, con sus 512 cuadrangulares, comparte la casilla 23, con nada más y nada menos que Eddie Mathews, el indiscutible ‘’vuelacercas’’ de los Bravos de Milwaukee, ambos en el registro de los inmortales.

Mell Ott, de los siempre afamados Gigantes de Nueva York, tras 22 años en la Gran Carpa, compiló 511 cuadrangulares, para estar con un nicho entre los inmortales, ocupando la casilla 25; y en la 26, Gary Sheffield, quien con 24 años en las Grandes Ligas y lucir ocho distintos uniformes, tanto de la Liga Nacional como de la Liga Americana, y sus 509 ‘’bambinazos’’, es otro pelotero que por tener asterisco al lado de su nombre, no tuvo cabida en el Salón de la Fama.

Cierra el listado de 500 o más cuadrangulares, Eddie Murray, el ambidextro pelotero de los Orioles de Baltimore y cuatro equipos más, con 504 ‘’bambinazos’’ en sus 21 años de permanencia en el béisbol de las Grandes Ligas, cuya figura ya es inmortal.

Despachar a ‘’doña blanca’’ a terrenos de nadie aparentemente es fácil; pero ¡ah! difícil que es conseguir esa sincronización exacta entre el poder del bateador, la posición del bate y el tropiezo contra la esférica, para que la pelota se vaya a las graderías detrás de la línea del terreno válido.

Por eso el jonrón siempre será el frac del béisbol. Y su bautizo con el nombre de ‘’bambinazo’’ llegó cuando Babe Ruth encontró la fórmula para desaparecer las esféricas en los momentos en que más lo necesitaba el béisbol.

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Esos dos nombres, Babe Ruth y Hank Aaron, indiscutiblemente son sonoros para los amantes al Rey de los Deportes; el primero, porque hizo del jonrón el imparable que despertó todas las miradas de los aficionados, convirtiéndolo en el espectáculo que tanto necesitaba el béisbol de los años 20 en adelante; y el segundo, porque superó con creces un registro que, en tantas idas y venidas, parecía casi que insuperable.

Ingresar a la élite de los grandes ‘’vuelacercas’’ del béisbol de las Mayores, no es nada fácil, considerándose, además, que para estar en el grupo de los inolvidables, los peloteros deben llegar, por lo menos, a los 500 jonrones, una cifra nada despreciable, a cuya suma apenas han llegado 27 jugadores es más de un siglo de competencia.

En ese registro, aún cuando son escasos los nombres de los latinos hasta la fecha, aparecen 6 con etiqueta de los 500 cuadrangulares, pero solo dos, por el momento, tienen el camino despejado para llegar al Salón de la Fama, porque los otros cuatro, por diferentes razones, no parecen estar en la ruta que los conduzca a Cooperstown.

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No es Hank Aaron con sus 755 cuadrangulares el bateador con mayor número de batazos de circuito completo, pues Barry Bonds, de los Gigantes de San Francisco, entre otros equipos, con sus 762 tablazos de cuatro esquinas, es el máximo jonronero de todos los tiempos, pero su nombre siempre ha estado vinculado a la era de los esteroides y las hormonas de crecimiento. Por el momento, no aparece con los votos suficientes para ir al salón de los inmortales.

En la tercera casilla, dentro de los 10 toleteros de largo metraje, está el sempiterno Babe Ruth, con sus 714 cuadrangulares, quien elevó a la categoría de batazo de lujo el jonrón.

La cuarta posición es ocupada por Álex Rodriguez, el dominicano-americano que compila 696 tablazos de circuito completo, pero quien no tiene el camino despejado para llegar a Cooperstown, dadas las implicaciones que tiene su nombre alrededor del uso de sustancias prohibidas dentro del béisbol.

El eterno Willie Mays, de los Gigantes tanto de Nueva York como de San Francisco, con sus 660 jonrones, es el quinto en esa élite de los mejores bateadores ‘’vuelacercas’’ de todos los tiempos, cuyo nombre está entre los inolvidables de por vida, quien se divirtió hasta más no poder dentro del juego, haciendo de las suyas tanto a la ofensiva como a la defensiva.

Ken Griffey Jr., de los Rojos de Cincinnati y los Marineros de Seattle, cuya semblanza beisbolera dejó huella imborrable en la época moderna del béisbol, es el sexto de esa lista, con sus 630 ‘’bambinazos’’ conectados, a cuyo nombre ya le fue expedida la ciudadanía en Cooperstown, y cuyas calidades dentro de los diamantes, lo erigieron como uno de los señores del béisbol.

En la séptima posición, el formidable dominicano de los Cardenales de San Luis y los Angelinos de California, Albert Pujols, cuyo tránsito por la Gran Carpa ha sido más que satisfactoria, sumando hasta la fecha un gran total de 614 cuadrangulares, a 16 de Griffey y a 46 de Mays. Pero estando vigente, cualquier cosa puede suceder. Y su nombre, más temprano que tarde, alcanzará un nicho para llegar a la inmortalidad.

Jim Thome, el toletero zurdo que se pavoneó con los uniformes de los Indios de Cleveland, de los Filis de Filadelfia, de los Orioles de Baltimore y de otras novenas, es el octavo en esa lista de grandes jonroneros de todos los tiempos, con sus 612 cuadrangulares, ya está ocupando un puesto en el salón de los inolvidables.

En la novena casilla aparece Sammy Sosa, el nativo de San Pedro de Macorís, en la República Dominicana, el hombre de los Cachorros de Chicago, quien pese a contar con 609 ‘’bambinazos’’, su nombre no es fácilmente elegible para el Salón de la Fama por las circunstancias que han rodeado su paso por la Gran Carpa y su vinculación a la utilización de sustancias prohibidas.

Y en la décima posición, el indiscutible Frank Robinson, de los Rojos de Cincinnati y los Orioles de Baltimore, quien con sus 586 estacazos de vuelta completa, es una legendaria figura del béisbol, cuyo tránsito por las Mayores siempre será recordado como uno de los más grandes de todos los tiempos, al ser ganador del título de Novato del Año en 1956 con los Rojos; y luego capturar el galardón de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, también con los Rojos, en 1961; y el mismo trofeo en la Liga Americana, pero con los Orioles, en 1966.

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La décima segunda casilla, está en poder de Harmon Killebrew, a quien llegaron a calificar como un pelotero más, debido a que en sus cinco primeros años luciendo el uniforme de los Senadores de Washington, poco o nada rendía a la ofensiva; pero cuando llegó a los Mellizos de Minnesota, de la noche a la mañana, despertó con su poder al bate que le permitió conectar 573 ‘’bambinazos’’, e incrustarse en el salón de los inmortales.

Cuánto nos duele saber que el cubano Rafael Palmeiro, el décimo tercero en la lista, quien con sus más de 3.000 inatrapables y más de 500 ‘’bambinazos’’, luciendo los bombachos de los Cachorros de Chicago, los Vigilantes de Texas y los Orioles de Baltimore, no llegue a escrutar el número de papeletas que lo lleven a la inmortalidad. Todo por estar en la lista de los denominados ‘’tramposos’’ del béisbol, por usar sustancias prohibidas dentro del juego.

En la décima cuarta posición, hay un hombre que elevó el ‘’bambinazo’’ a la jerarquía de ser ‘’el Señor Octubre’’, cuando hizo del tablazo de cuatro esquinas la manera de decidir Series Mundiales. Nos referimos al inmortal Reggie Jackson, el defensor a ultranza de los afroamericanos dentro del béisbol, quien con los uniformes de los Atléticos de Oakland, los Yanquis de Nueva York y los Angelinos de California, compiló 563 esféricas fuera de los diamantes.

Manny Ramírez, el hijo de Santo Domingo, República Dominicana, el hombre de los tres 5 en las estadísticas de los cuadrangulares, ocupando la décima quinta casilla, tampoco alcanzará el ingreso al Salón de la Fama, dado a que al lado de su nombre aparece el asterisco o lunar negro, que mancha su brillante carrera deportiva, que desarrolló con los Indios de Cleveland, los Medias Rojas de Boston y los Dodgers de Los Ángeles, con 555 tablazos de circuito completo.

Los restantes

Mike Schmidt, el ídolo de Filadelfia y de los Filis, cuya impecable trayectoria lo erigió en el símbolo de su novena y de una bien disputada carrera dentro del béisbol, se ungió como grande entre los grandes con sus 548 cuadrangulares de por vida, en sus 18 años de permanecer dentro de la Gran Carpa, para ser el décimo sexto pelotero con 500 o más ‘’bambinazos’’ despachados.

En la décima séptima, el jugador que consagró al bateador designado como una de las herramientas más útiles en la Liga Americana: David Ortiz, el hijo de Santo Domingo, República Dominicana, espera pacientemente que le llegue su hora para encontrar los votos necesarios que lo lleven al Salón de la Fama, quien con sus 541 ‘’despedidas’’ de la esférica, jugando durante dos décadas en las Grandes Ligas, con los Mellizos de Minnesota y los Medias Rojas de Boston, supera a inmortales como Mickey Mantle, Jimmie Foxx, Willie McCovey, Frank Thomas y Ted Williams.

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