ALVAROJ

Por: Álvaro Javier Calderón

Los dolores del alma, son mucho más fuertes que los físicos; las penurias y las angustias, aunque en el futuro puedan cambiarse por algo mejor, dejan una huella tan profunda en el alma, que, nunca se borrarán de la mente. En cosas de amor sí que es complicada la cosa, porque siempre, aunque no se quiera, queda esa espinita que se convierte, con el tiempo, en un aguijón perenne.

Así sucede con el sentimiento nacional hacia la selección colombiana de fútbol; la mezcla de pasión, odio, angustia, euforia y desencanto fueron el pan de cada día; la ‘montaña rusa afectiva’, determinó la intensidad de esos sentimientos; aquí cabe reflexionar con los versos, los cuales no se sabe si lo son, del poeta en embrión, Jasson Guti Pabón, quien al hacer referencia al amor escribe: “Me gustas así a ratos y desde lejos Así, sin complicidad y sin secretos, mejor, cada quien con los suyos.” Sí, es mejor amar así, sin complicidad y desde lejos; seguramente se sufre menos.

El juego ha pasado a un segundo plano, la táctica y la estrategia han quedado a la espera de una nueva oportunidad mundialista; del odio y el dolor por la derrota ante Japón, se pasó a la euforia por el ‘partidazo’ ente Polonia. Los vilipendiados de ayer son los héroes de hoy; pero el dolor volvió, y ante Senegal, en un encuentro ‘más sufrido que jugado’ se logra el paso a los octavos de final; los espíritus se han calmado; como dice Gardel: “el músculo duerme, la ambición descansa”. Inglaterra es la próxima estación en el tren rumbo a Moscú. Sin embargo, los inventores del fútbol, con engaños o no, frenan la ilusión y con fuerza, más que con fútbol, aguantan hasta el final del juego, para vencer a Colombia, enterrando de paso el sueño del mundial. Sucedido lo anterior, sólo queda pasar de la cancha al corazón, porque el fútbol va más allá del balón.

Atrás quedaron los errores y los aciertos, las improvisaciones y las incapacidades; la falta de memoria táctica y la inconsistencia en las formaciones (cuatro: una para cada partido), son cosa del ayer. Las lesiones, previas o durante la competencia, los amiguismos, la falta de resolución del técnico y muchas otras cosas, no van más; todo acabó, nada sigue, Rusia 2018 es historia. Queda, solamente, el amor por la patria de todos; el amor, sólo el amor, ese que pregona el Guti Pabón: “Me gustas así a ratos y desde lejos Así, sin complicidad y sin secretos, mejor, cada quien con los suyos.”

Twitter: @soyalvarojavier