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La medalla de bronce de Atlanta 1996 brilla en el pecho de Pablo Chacón. A su lado, Ramón Quiroga disfruta un momento inolvidable y también sostiene la llama Olímpica de la juventud. Los dos unieron sus manos de boxeadores para convertirse en protagonistas de la undécima escala del Tour de la Antorcha en Mendoza.

“La Hormiga es un gran pibito con una vida durísima. Hace tres años vive en mi gimnasio y todos los días trabaja con sacrificio. Tiene muchas ganas de llegar”, explica Chacón (43 años), que a la gloria Olímpica le sumó el título mundial pluma y tras su retiro se dedicó a la enseñanza en Las Heras.

Quiroga (21) nació en la ciudad salteña de Orán, la pasó mal en su infancia y en el boxeo encontró una salida. Ahora guiado por Chacón, forma parte de la Selección Argentina y sueña con los Juegos Olímpicos, después de obtener la medalla de bronce en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018.

“Vengo de una familia pobre, con ocho hermanos y una mamá sordomuda. Nunca tuve un padre que me diera consejos. Yo salí a la calle y me metí en la droga, hasta que a los 15 años empezó a cambiar mi vida gracias al boxeo”, admite el salteño.

En la pensión de Chacón, la Hormiga convive con otras seis promesas y se motiva con la foto de la medalla de Atlanta. Además sabe que en ese mismo gimnasio se formaron dos boxeadores que más tarde se consagraron campeones mundiales: Juan Carlos Reveco y Jonathan Barros.

“Este gimnasio es un lugar donde pueden tener sueños. Les inculco valores como el respeto, la dedicación y el sacrificio. Formamos una familia, charlo mucho con ellos y les cuento mi historia. Los Juegos Olímpicos fueron mi primer gran momento como boxeador. Me abrieron la puerta al mundo”, recuerda el mendocino y deja un mensaje.

Quiroga recoge el guante: “Pablo nos da muchos consejos. Es un crack… Su historia me motiva y la medalla me emociona. Sueño con llegar a los Juegos Olímpicos, subirme al podio y tener una medalla, como lo hizo él. Quiero ayudar a mi familia. Sacarla adelante”.

El sábado, los dos sostuvieron la antorcha y fortalecieron su vínculo. Chacón, un consagrado en el boxeo, contó su orgullo y se sintió un privilegiado. A su pupilo, la Hormiga, el fuego sagrado le tocó el alma y lo dejó al borde de las lágrimas. Como un golpe. Pero de inspiración.

Info Buenos Aires 2018