Recuerdos imborrables de don Mike Forero Nougués

Por Alberto Galvis Ramírez

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Son muchos los recuerdos que la historia de Colombia conserva de Mike Forero Nougués, porque su obra dejó una huella imborrable, como periodista y dirigente, que será preciso recordar por siempre.

Orgullosamente santandereano, más concretamente “garrotero de Piedecuesta”, pero, irremediablemente, ciudadano del mundo, como suelen ser los amantes del deporte, de las artes y del conocimiento universal, la historia de Mike Forero Nougués comenzó muchos años antes de nacer, cuando su padre, el médico Guillermo Forero Franco, organizó, en 1899, la primera competencia de ciclismo en Colombia, entre Bucaramanga y Piedecuesta. Por eso, la afición por el deporte la tenía en sus genes, al nacer el 21 de diciembre de 1919, y la desarrolló como una de sus grandes prioridades, porque enfocó sus estudios, en 1937, en una profesión que parecía no tener futuro, la educación física, cursada en una entidad pública, que tampoco vislumbraba una larga vida, llamada Instituto Nacional de Educación Física, Inef, perteneciente a la Universidad Nacional, del cual se graduó en la primera promoción, en 1939.

Desde entonces, su pasión por el deporte le marcó un largo sendero, que lo impulsó a incursionar en todos los estamentos comprometidos en el posteriormente denominado Sistema Nacional del Deporte: como periodista, como dirigente del Comité Olímpico Colombiano y como director de Coldeportes, siempre enfocado en crear, en innovar, en proponer, en tener protagonismo para aportar soluciones a los problemas, ante las urgencias de un deporte que en esos primeros años tenía poca importancia para el alto gobierno.

En 1946, Mike Forero Nougués, ya reconocido periodista deportivo, fue elegido como segundo vicepresidente del Comité Olímpico Colombiano, presidido por el arquitecto Humberto Chica Pinzón, entidad que tenía el compromiso de realizar en Barranquilla, los V Juegos Centroamericanos y del Caribe. El grupo era complementado por Jorge Garcés, como primer vicepresidente; monseñor Carlos Alberto Rodríguez Plata, en calidad de tesorero; el ajedrecista Miguel Cuéllar Gacharná, quien era el secretario; el licenciado Alberto Gómez Moreno, como vocal, y José Antonio Bonett, quien se desempeñaba como Revisor Fiscal.

A partir del año siguiente se consolidaron las tímidas secciones deportivas en los diarios colombianos, con el nacimiento del campeonato profesional de fútbol, y en 1951, con la creación de la Vuelta a Colombia en Bicicleta, certámenes que obligaron a una mayor atención de los medios de comunicación colombianos de entonces, que en los siguientes años quedaron inmersos en la maraña de la violencia partidista y en la dictadura del General Rojas Pinilla.

En 1952, Colombia no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia, por ausencia de apoyo del gobierno. Se detenía así la corta historia olímpica colombiana, que no vislumbraba un mejor futuro en los años siguientes, porque la crisis política, la violencia y la escasez económica permitían mirar solo hacia las angustias sociales de los colombianos, y no hacia el juego y el deporte, considerados de poca monta.

Y fue Mike Forero Nougués, quien tomó la iniciativa de impulsar la idea del regreso de nuestro país a los Juegos Olímpicos, los de 1956, en Melbourne, Australia, por medio de una colecta, que al principio fue vista con desdén y después, gracias a su insistencia desde las páginas deportivas del diario El Espectador, fue creciendo y creciendo, hasta convertirse en una oleada imparable, que terminó con éxito. Colombia, gracias a su perseverancia, pudo recaudar los dineros suficientes para regresar a los Olímpicos, en 1956, y no faltar nunca más a esta cita, en la cual nuestros deportistas han logrado importantes resultados y nuestro país, un reconocimiento en el concierto internacional.

Con el relativo crecimiento del deporte colombiano de entonces, los espacios en los medios de comunicación fueron creciendo, gracias también al entusiasmo que generaba una pluma ágil, inteligente y fresca, como la de Mike Forero Nougués, quien se hizo conocido por su habilidad para retratar en finos, pulidos y elegantes reportajes y crónicas, las rutinas de unos jóvenes y sencillos compatriotas, que luchaban, en medio de las más grandes limitaciones, por destacarse en los escenarios deportivos del mundo.

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Por esos jóvenes, por los dirigentes que sacrificaban sus tiempos de descanso; por los empíricos entrenadores que se sacrificaban por ellos, a veces de manera honoraria: y por la afición que crecía día a día, Mike Forero Nougués creó, en 1960, El Deportista del Año El Espectador, primero en su género en Colombia, que desde entonces reconoce, cada año, a los más importantes valores de nuestro deporte y los exalta en una ceremonia especial.

Ajeno a la política llegan para Mike Forero los más serenos años setenta, en los cuales era reconocido como el periodista deportivo más emblemático de Colombia, tan importante, que en 1978, el presidente de la República, Julio César Turbay Ayala, lo invita a ser el nuevo director de Coldeportes. Luego de pensarlo mucho, porque debía abandonar por unos años la pasión de su vida, Mike Forero acepta y durante ese cuatrienio desempeña las labores al frente de la agencia estatal para el deporte colombiano, con resultados tan importantes, como el haber logrado organizar en 1980, en Neiva, los mejores Juegos Nacionales hasta entonces –colmados de incertidumbres e interrupciones constantes- y marcar un estilo que se impuso en el futuro de nuestro certamen múltiple, que se realizaría de ahí en adelante, de manera ininterrumpida, cada cuatro años.

Después, Mike Forero Nougués regresaría a El Espectador, como asesor, no solo en materia deportiva, sino en general, una especie de consejero editorial del diario de los Cano, contribución que coadyuvó a que el periódico se reafirmara en su calidad, autonomía e independencia, con el costo que esto implicó, representado en el asesinato de su director, Guillermo Cano Isaza; en la bomba que explotó en 1999, por cuenta del narcotráfico, y en la clausura y posterior regreso como una tribuna libre del pensamiento colombiano. Y ahí estuvo siempre Mike Forero Nougués, para hablarles al oído a los herederos de Guillermo Cano, hasta su retiro físico definitivo, en 1988, por los cambios decretados por la nueva administración del diario bogotano.

Sin embargo, aún lejos del tableteo de las salas de redacción, del goteo de la tinta cuando plasma en el papel historias inolvidables; del estrés propio de la noticia; del oficio de espectador y relator del deporte colombiano, desde el fragor de las propias arenas; del fenómeno social por excelencia, como es el olimpismo, y, en general, del maravilloso mundo del periodismo y del deporte, Mike Forero Nougués siguió siendo fiel a su pasión, al aceptar la invitación a formar parte de la Academia Olímpica Colombiana, a la cual se vinculó casi desde su fundación, en 1993, hasta hoy. Y aunque en los últimos años estuvo ausente de las reuniones, su espíritu olímpico pareció iluminar las sesiones de una entidad que lucha, como lo hizo él, durante su larga y fructífera vida, por preservar los principios y valores del deporte, del periodismo y del olimpismo.

Por ese talante, plasmado en tantas ejecutorias en bien del deporte olímpico colombiano, en el año 2015, Mike Forero Nougués recibió el Premio Altius a la Vida y Obra, entregado por el Comité Olímpico Colombiano.

La obra periodística de Mike Forero Nougués es la más abundante de cualquier periodista deportivo colombiano, porque comprende crónicas y reportajes publicados en El Espectador durante más de 50 años. Igualmente escribió un libro, que es punto de referencia, especialmente de los educadores físicos colombianos. Se trata de Historia de tres mundos: cuerpo, cultura y movimiento, reflexiones de cultura física, editado por la Universidad de Santo Tomás, de Bogotá.

En lo personal coincidí con don Mike Forero Nougués durante toda mi carrera en medios de comunicación, primero en Vanguardia Liberal, de Bucaramanga, y luego en El Espectador, en el cual recibí su influencia directa en la cotidianidad de la información y en la asesoría de la investigación que adelanté, con ocasión de los 100 años del periódico, que fue el nacimiento de mi vocación por la historia y dio pie a la publicación de mi primer libro, Laureles, presentado el 6 de noviembre de 1988, en homenaje a los 20 años de Coldeportes, en el cual el Maestro escribió el prólogo.

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Puedo dar fe de que Mike Forero Nougués vivió la vida como se le antojó: fue un andariego, como su padre; un bohemio, como solíamos ser los periodistas de la vieja guardia, y un innovador, especialmente en el tema de la crónica y el reportaje, a la que le imprimía un sello personal característico, el de un librepensador, esclavo sólo de su propia libertad. De Mike Forero se sabía cuándo comenzaba alguna aventura, pero no cuando terminaba, como ocurría usualmente en los cubrimientos de las vueltas a Colombia, porque intempestivamente desaparecía de la carrera y volvía a ella dos o tres días después.

Un punto para terminar, por ahora, estos retazos de recuerdos, era su arraigo por su patria chica. Mike Forero se creía, y en efecto era, ciudadano del mundo, porque conocía países de los cinco continentes, más desarrollados que Colombia. Pero a pesar de ese largo recorrido por maravillosas y mágicas tierras, no se emocionaba tanto como cuando cruzaba la frontera de Santander. Muchas veces descendía del vehículo en el cual viajaba, y se arrodillaba y besaba el suelo de Santander, como una demostración del amor por una tierra que también lo quiso y lo reconoció como uno de los grandes.