Adiós al gran Maestro

Por Rafael Mendoza

RAFAELMENDOZA

Se nos fue esta semana don Mike Forero Nougués, el primer periodista deportivo de los medios escritos, el maestro que a través de El Espectador señaló el camino a quienes nos dedicamos a contar lo que ocurre en este mundo fascinante de las pistas, los coliseos, las calles s y los estadios.

Muy joven llegó al periódico de los Cano en una época en la que el deporte no tenía divulgación en los medios escritos, por allá en la década del 40 en la que las carreras de caballos y las tardes de toros eran las únicas actividades físicas que se reseñaban. Y poco a poco comenzó a publicar en un rincón de cualquier página notas aisladas sobre los torneos de tenis o las pruebas de atletismo que practicaban en ese entonces algunos jóvenes de las clases altas que las habían aprendido en Europa o en Norteamérica.

Y lentamente, con la llegada de los torneos de fútbol y con la primera Vuelta a Colombia en el año 51, creó las página deportivas que desde entonces se volvieron necesarias en todos los medios y poco a poco fueron llegando periodistas que se iban especializando en el fútbol, en el boxeo y en el béisbol. Con el estilo de don Mike las gentes se fueron apasionando por los equipos y las delegaciones nacionales y lentamente se fue creando esa gran carpa que hoy tiene el deporte.

Gozaba intensamente con el deporte y para aumentar su acogida don Mike ideaba formas de promocionarlo. En una Vuelta a Colombia montó en el campero de El Espectador una chiva, vivita y coleando. En la llegada de las etapas era tanta la gente que iba a ver a los ciclistas como la que se arremolinaba alrededor del carro de El Espectador para ver a la el no muy perfumado animalito. Desde entonces los vehículos del periódico se volvieron “chivas” y de allí se pasó a darle a la primicia noticiosa el mismo nombre. Esa chispa que brotaba de este piedecuestano, con pasaporte del mundo, saltaba en las páginas que él dirigía.

Como dirigente deportivo también fue un pionero pues dirigió la Secretaría del Deporte que antecedió a Coldeportes y más tarde, cuando llegó a la dirección del Instituto, hizo realidad su anhelo de dar oportunidad a los futbolistas colombianos a los que llamaba “galeotes”, relegados por la ola de extranjeros que contrataban los dirigentes, al aumentar su número en la cancha de cuatro a seis.

¡Cómo nos duele la partida de este señor señor, de maneras y aficiones inglesas pero metido hasta la médula en el corazón del deporte colombiano!