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ANTONIO ANDRAUS
 
POR ANTONIO ANDRAUS BURGOS
 
El novato guardabosques de la novena del Bronx, se está convirtiendo en la gran atracción de su equipo y del béisbol de las Grandes Ligas.
 
Por el momento, es la gran atracción de la inmensa afición del béisbol, sencillamente por todo lo que está haciendo en todos los diamantes donde juega. Y en especial, cuando lo hace en el moderno ‘’Yankee Stadium’’, de Nueva York.
 
Es la atracción de su novena. Es la atracción de los cientos de miles de seguidores en la Gran Manzana y en el mundo del béisbol, pero igualmente, lo es para las Grandes Ligas, porque ahora es el pelotero que atrae todas las miradas, cuando está dentro del terreno de juego.
 
Su corpulencia física, con sus dos metros de estatura y sus 260 libras de peso en promedio; su manera de dirigir el bate cuando está consumiendo sus turnos; su forma de atrapar los batazos que alcanzan los terrenos del bosque derecho, que dando zancadas espectaculares, permite engarzar la pelota a su manera y a su estilo; su formidable brazo que tiene la potencia de una ‘’bala’’, demostrando que los corredores no pueden abusar en el recorrido de las bases, más allá de lo que permite el imparable; en fin, lo tiene todo para convertirse en el nuevo ídolo del béisbol de los afamados Yanquis de Nueva York, de la Gran Carpa y de la afición del Rey de los Deportes.
 
El hijo de Linden, California, adoptado por el hogar de Wayne y Patty Judge, a sus 25 años cumplidos, está desarrollando una meteórica carrera en el mundo del béisbol de la crema y nata. Aaron está camino en convertirse en el nuevo ícono de la divisa de los Yanquis, la tradicional novena del Bronx que casi siempre ha contado con figuras extraordinarias en su nómina, algunos de ellos, forjados en sus divisiones inferiores, y en otros casos, adquiridos a través de la adinerada chequera de la organización.
 
¿Pero será Aaron Judge el nuevo ídolo de los Yanquis que eclipse a hombres tan talentosos e inolvidables dentro de la organización y del béisbol de las Grandes Ligas, como los inmortales Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio, Yogi Berra, Mickey Mantle, Thurman Munson, Reggie Jackson, o quizás a Derek Jeter, el hombre que está esperando aparecer por primera vez en la nómina de los elegibles para conquistar su nicho y hacerse ciudadano de Cooperstown?
 
Hay que esperar
 
Por el momento, estamos dejando a un lado a otros jugadores que han hecho historia en la tradicional divisa del Bronx, como el lanzador zurdo Whitey Ford o el primera base, Don Mattingly, y tantos otros como éstos dos, pero apenas nos queremos referir a peloteros que pueden estar en la línea ofensiva de Judge y su presencia en el béisbol de lujo.
 
Descartarlo en los actuales momentos, sería retar el promisorio futuro que tiene este espigado pelotero de los Yanquis, cuya sonrisa despierta la admiración de sus seguidores y del mundo del béisbol, y cuya atracción dentro de los diamantes se hace sentir desde el mismo momento en que toma su bate para hacer las prácticas en cualquier estadio de las Mayores.
 
Aaron está empezando a crear su aureola, su carrera y sus características de juego. Y la experiencia nos obliga a señalar que si bien tiene ‘’todas las herramientas’’ necesarias para convertirse en un nuevo astro del béisbol, lo mejor es esperar, por lo menos, sus tres o cuatro primeros años dentro del juego.
 
Ser un ícono significa mucho más de lo que piensa la gente, sobre todo, dadas las enormes exigencias del pelotero en las Grandes Ligas, en donde el sacrificio, la constancia, la disciplina y su don de gentes, debe estar presente dentro y fuera de los estadios, porque no es solamente ser reconocido como tal, sino demostrar por qué lo es. 
 
Mirada al pasado
 
Babe Ruth no fue producto de la propia organización de los Yanquis; como tampoco lo fue Reggie Jackson, adquirido en el mercado empresarial del béisbol en los años 70, cuando se empezó a vivir la era de los Agentes Libres.
 
Pero ‘’El Bambino’’ Ruth, desde cuando se enfundó el uniforme de los Yanquis procedente de los Medias Rojas de Boston, se supo que sus cualidades como pelotero, ya probadas en su novena de origen, serían de importancia para los Yanquis.
 
Babe en su primer año con los Yanquis, en 1920, tras seis campañas con los Medias Rojas como lanzador zurdo en cuatro de ellas y dos, ya como jugador de campo y a la ofensiva, despachó 172 indiscutibles en 458 turnos, para ofensiva de 376, con 54 cuadrangulares, 137 remolcadas y 158 anotadas.
 
Reggie, por su lado, había probado hasta la saciedad en 10 campañas anteriores, su calidad, su talento y su poder ofensivo. Por esas razones, se esperaban muchas cosas buenas de él, como en efecto sucedió, en los 5 años que lució el uniforme de los Yanquis.
 
En el primer año con el club del Bronx, Reggie conectó 150 inatrapables en 525 turnos, para ofensiva de 286; con 32 ‘’bambinazos’’, 110 carreras impulsadas y 93 anotadas.
 
Los de la cosecha
 
Lou Gehrig, en cambio, fue producto de la propia organización, y fue, sin duda alguna, un ‘’yanqui de tiempo completo’’ hasta el último día de su vida.
 
Gehrig, icono entre los iconos de los Yanquis, tuvo una primera temporada con la novena, en 1925, con 129 imparables en 437 turnos, para ofensivas de 295; 20 tablazos de circuito completo, 68 carreras impulsadas y 73 anotadas.
 
Y luego, Joe DiMaggio, el astro de los astros, cuya personalidad y carisma todavía está vigente, surgió de las propias granjas productivas de los Yanquis, y cuando debutó, en 1936, inmediatamente se ungió como una nueva estrella de los Yanquis.
 
En ese primer año, DiMaggio logró despachar 206 incogibles en 637 turnos, para bateo de 323, con 29 ‘’bambinazos’’, 125 remolcadas y 132 anotadas,
 
Más adelante, Yogi Berra, el bonachón receptor que se erigió en un símbolo como pelotero y como persona en los Yanquis de Nueva York, fue exaltado como el bateador que más bolas malas lograba despachar a terrenos de nadie.
 
Yogi en su primera temporada real con el uniforme de los Yanquis, en 1948, tuvo un registro de 143 indiscutibles en 469 turnos, para ofensiva de 305; con 20 estacazos de circuito completo, 98 fletadas hasta el plato y 70 anotadas.
 
Y después, Mickey Mantle, de las granjas de la propia organización, debutó en 1951, reemplazando nada más y nada menos que a Joe DiMaggio en el jardín central, alcanzado una tarjeta con 91 indiscutibles en 341 turnos, para 267 al bate; 13 batazos de circuito completo, 65 remolcadas y 61 anotadas.
 
Y terminamos con Thurman Munson, para no hacer tan larga la lista, el receptor cuya carrera quedó truncada cuando perdió la vida en un accidente aéreo que consternó al mundo del béisbol, en aquél fatídico 2 de agosto de 1979.
 
Munson se perfilaba, sin duda alguna, como nueva gran figura de los Yanquis, en medio de las estrellas que hacían parte de la novena, y debutando en 1970, cuando efectivamente tuvo su primera campaña oficial en las Grandes Ligas, logró marca ofensiva de 302, con 137 imparables en 453 turnos, 6 cuadrangulares, 53 impulsadas y 59 anotadas.
 
El camino de Aaron
 
Aaron Judge tiene mucho camino por recorrer. Empero, no hay por el momento controversia alguna sobre sus cualidades, talento y calidad para desarrollar el juego. Otra cosa es que se pueda ‘’apagar’’, porque eso, en muchas otras ocasiones, ha ocurrido en el mundo del béisbol. Sin embargo, nos aventuramos a señalar que Judge si se mantiene con salud, muchas cosas buenas le deparan en la Gran Carpa.
 
Hasta este 15 de junio de 2017, cuando escribimos estas líneas, Aaron tiene un formidable registro, que puede volver trizas las tarjetas de muchos de los que ya hemos citado en la nota, en su primera verdadera campaña en las Grandes Ligas.
 
76 imparables en 227 turnos, para ofensiva de 335, con 22 ‘’bambinazos’’ despachados, 49 carreras remolcadas y 58 anotadas, reflejan con suma claridad lo que representa el poder al bate de Aaron Judge, y con un descomunal batazo de 495 pies en el ‘’Yankee Stadium’’, el más largo conectado en ese parque de pelota hasta el momento, su nombre empieza a aparecer como grande entre los grandes ‘’vuelacercas’’ del nuevo siglo en el béisbol de las Grandes Ligas.
 
Comparar es tan difícil como odioso, pero en el béisbol con frecuencia se utilizan las comparaciones con los numeritos en la mano, mas no con la calidad, la personalidad, el carisma, el talento y las energías de los peloteros.
 
Aaron Judge está llamado a conquistar el mundo del béisbol y enaltecer el uniforme de los Yanquis, porque como él mismo lo ha dicho, espera y desea ser de los Yanquis de Nueva York hasta el último día en que pueda jugar béisbol, el deporte que lo apasiona, que lo entretiene y que le alegra la vida, porque se divierte jugándolo.
 

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Por el momento, es la gran atracción de la inmensa afición del béisbol, sencillamente por todo lo que está haciendo en todos los diamantes donde juega. Y en especial, cuando lo hace en el moderno ‘’Yankee Stadium’’, de Nueva York.
 
Es la atracción de su novena. Es la atracción de los cientos de miles de seguidores en la Gran Manzana y en el mundo del béisbol, pero igualmente, lo es para las Grandes Ligas, porque ahora es el pelotero que atrae todas las miradas, cuando está dentro del terreno de juego.
 
Su corpulencia física, con sus dos metros de estatura y sus 260 libras de peso en promedio; su manera de dirigir el bate cuando está consumiendo sus turnos; su forma de atrapar los batazos que alcanzan los terrenos del bosque derecho, que dando zancadas espectaculares, permite engarzar la pelota a su manera y a su estilo; su formidable brazo que tiene la potencia de una ‘’bala’’, demostrando que los corredores no pueden abusar en el recorrido de las bases, más allá de lo que permite el imparable; en fin, lo tiene todo para convertirse en el nuevo ídolo del béisbol de los afamados Yanquis de Nueva York, de la Gran Carpa y de la afición del Rey de los Deportes.
 
El hijo de Linden, California, adoptado por el hogar de Wayne y Patty Judge, a sus 25 años cumplidos, está desarrollando una meteórica carrera en el mundo del béisbol de la crema y nata. Aaron está camino en convertirse en el nuevo ícono de la divisa de los Yanquis, la tradicional novena del Bronx que casi siempre ha contado con figuras extraordinarias en su nómina, algunos de ellos, forjados en sus divisiones inferiores, y en otros casos, adquiridos a través de la adinerada chequera de la organización.
 
¿Pero será Aaron Judge el nuevo ídolo de los Yanquis que eclipse a hombres tan talentosos e inolvidables dentro de la organización y del béisbol de las Grandes Ligas, como los inmortales Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio, Yogi Berra, Mickey Mantle, Thurman Munson, Reggie Jackson, o quizás a Derek Jeter, el hombre que está esperando aparecer por primera vez en la nómina de los elegibles para conquistar su nicho y hacerse ciudadano de Cooperstown?
 
Hay que esperar
 
Por el momento, estamos dejando a un lado a otros jugadores que han hecho historia en la tradicional divisa del Bronx, como el lanzador zurdo Whitey Ford o el primera base, Don Mattingly, y tantos otros como éstos dos, pero apenas nos queremos referir a peloteros que pueden estar en la línea ofensiva de Judge y su presencia en el béisbol de lujo.
 
Descartarlo en los actuales momentos, sería retar el promisorio futuro que tiene este espigado pelotero de los Yanquis, cuya sonrisa despierta la admiración de sus seguidores y del mundo del béisbol, y cuya atracción dentro de los diamantes se hace sentir desde el mismo momento en que toma su bate para hacer las prácticas en cualquier estadio de las Mayores.
 
Aaron está empezando a crear su aureola, su carrera y sus características de juego. Y la experiencia nos obliga a señalar que si bien tiene ‘’todas las herramientas’’ necesarias para convertirse en un nuevo astro del béisbol, lo mejor es esperar, por lo menos, sus tres o cuatro primeros años dentro del juego.
 
Ser un ícono significa mucho más de lo que piensa la gente, sobre todo, dadas las enormes exigencias del pelotero en las Grandes Ligas, en donde el sacrificio, la constancia, la disciplina y su don de gentes, debe estar presente dentro y fuera de los estadios, porque no es solamente ser reconocido como tal, sino demostrar por qué lo es. 
 
Mirada al pasado
 
Babe Ruth no fue producto de la propia organización de los Yanquis; como tampoco lo fue Reggie Jackson, adquirido en el mercado empresarial del béisbol en los años 70, cuando se empezó a vivir la era de los Agentes Libres.
 
Pero ‘’El Bambino’’ Ruth, desde cuando se enfundó el uniforme de los Yanquis procedente de los Medias Rojas de Boston, se supo que sus cualidades como pelotero, ya probadas en su novena de origen, serían de importancia para los Yanquis.
 
Babe en su primer año con los Yanquis, en 1920, tras seis campañas con los Medias Rojas como lanzador zurdo en cuatro de ellas y dos, ya como jugador de campo y a la ofensiva, despachó 172 indiscutibles en 458 turnos, para ofensiva de 376, con 54 cuadrangulares, 137 remolcadas y 158 anotadas.
 
Reggie, por su lado, había probado hasta la saciedad en 10 campañas anteriores, su calidad, su talento y su poder ofensivo. Por esas razones, se esperaban muchas cosas buenas de él, como en efecto sucedió, en los 5 años que lució el uniforme de los Yanquis.
 
En el primer año con el club del Bronx, Reggie conectó 150 inatrapables en 525 turnos, para ofensiva de 286; con 32 ‘’bambinazos’’, 110 carreras impulsadas y 93 anotadas.
 
Los de la cosecha
 
Lou Gehrig, en cambio, fue producto de la propia organización, y fue, sin duda alguna, un ‘’yanqui de tiempo completo’’ hasta el último día de su vida.
 
Gehrig, icono entre los iconos de los Yanquis, tuvo una primera temporada con la novena, en 1925, con 129 imparables en 437 turnos, para ofensivas de 295; 20 tablazos de circuito completo, 68 carreras impulsadas y 73 anotadas.
 
Y luego, Joe DiMaggio, el astro de los astros, cuya personalidad y carisma todavía está vigente, surgió de las propias granjas productivas de los Yanquis, y cuando debutó, en 1936, inmediatamente se ungió como una nueva estrella de los Yanquis.
 
En ese primer año, DiMaggio logró despachar 206 incogibles en 637 turnos, para bateo de 323, con 29 ‘’bambinazos’’, 125 remolcadas y 132 anotadas,
 
Más adelante, Yogi Berra, el bonachón receptor que se erigió en un símbolo como pelotero y como persona en los Yanquis de Nueva York, fue exaltado como el bateador que más bolas malas lograba despachar a terrenos de nadie.
 
Yogi en su primera temporada real con el uniforme de los Yanquis, en 1948, tuvo un registro de 143 indiscutibles en 469 turnos, para ofensiva de 305; con 20 estacazos de circuito completo, 98 fletadas hasta el plato y 70 anotadas.
 
Y después, Mickey Mantle, de las granjas de la propia organización, debutó en 1951, reemplazando nada más y nada menos que a Joe DiMaggio en el jardín central, alcanzado una tarjeta con 91 indiscutibles en 341 turnos, para 267 al bate; 13 batazos de circuito completo, 65 remolcadas y 61 anotadas.
 
Y terminamos con Thurman Munson, para no hacer tan larga la lista, el receptor cuya carrera quedó truncada cuando perdió la vida en un accidente aéreo que consternó al mundo del béisbol, en aquél fatídico 2 de agosto de 1979.
 
Munson se perfilaba, sin duda alguna, como nueva gran figura de los Yanquis, en medio de las estrellas que hacían parte de la novena, y debutando en 1970, cuando efectivamente tuvo su primera campaña oficial en las Grandes Ligas, logró marca ofensiva de 302, con 137 imparables en 453 turnos, 6 cuadrangulares, 53 impulsadas y 59 anotadas.
 
El camino de Aaron
 
Aaron Judge tiene mucho camino por recorrer. Empero, no hay por el momento controversia alguna sobre sus cualidades, talento y calidad para desarrollar el juego. Otra cosa es que se pueda ‘’apagar’’, porque eso, en muchas otras ocasiones, ha ocurrido en el mundo del béisbol. Sin embargo, nos aventuramos a señalar que Judge si se mantiene con salud, muchas cosas buenas le deparan en la Gran Carpa.
 
Hasta este 15 de junio de 2017, cuando escribimos estas líneas, Aaron tiene un formidable registro, que puede volver trizas las tarjetas de muchos de los que ya hemos citado en la nota, en su primera verdadera campaña en las Grandes Ligas.
 
76 imparables en 227 turnos, para ofensiva de 335, con 22 ‘’bambinazos’’ despachados, 49 carreras remolcadas y 58 anotadas, reflejan con suma claridad lo que representa el poder al bate de Aaron Judge, y con un descomunal batazo de 495 pies en el ‘’Yankee Stadium’’, el más largo conectado en ese parque de pelota hasta el momento, su nombre empieza a aparecer como grande entre los grandes ‘’vuelacercas’’ del nuevo siglo en el béisbol de las Grandes Ligas.
 
Comparar es tan difícil como odioso, pero en el béisbol con frecuencia se utilizan las comparaciones con los numeritos en la mano, mas no con la calidad, la personalidad, el carisma, el talento y las energías de los peloteros.
 
Aaron Judge está llamado a conquistar el mundo del béisbol y enaltecer el uniforme de los Yanquis, porque como él mismo lo ha dicho, espera y desea ser de los Yanquis de Nueva York hasta el último día en que pueda jugar béisbol, el deporte que lo apasiona, que lo entretiene y que le alegra la vida, porque se divierte jugándolo.